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Agosto 2013
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Diciembre 2012
Trastornos de alimentación
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Agosto 2012
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Carmen: ¡Waldorf en Montevideo!
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¿Cómo aficionarlo a los cuentos?

La lectura no sólo estimula el cerebro de un niño. Leer nutre el alma.
Un buen libro es para nuestros hijos un viaje del que siempre volverán enriquecidos. kiddo ofrece aquí pistas para convertirlos en apasionados lectores. Una herramienta en la que vale la pena invertir y que, mientras antes empecemos, mejor.

Mucho se ha escrito acerca de los beneficios de la lectura en los niños. Es cierto que hay chicos más inquietos que otros, que disfrutan explorando, saltando y yendo de aquí para allá. Pero también es cierto que su interés por la lectura depende, en gran medida, de la forma en que los padres los incentivemos a practicar esta actividad. También depende de los cuentos que elijamos para tal fin. Para favorecer el hábito de la lectura es fundamental que les propongamos cuentos acordes a su estado madurativo, que no tiene por qué coincidir con su edad. No hay dudas que, con un poco de tiempo y dedicación, sobre todo en los primeros años, los padres pueden conseguir que sus hijos se conviertan en apasionados lectores.

Estimula su mente

La mente humana se desarrolla a través de tres procesos fundamentales: observar, escuchar y leer. De los tres, el más abstracto y complejo es la lectura. Antes de los 4 años, los niños todavía son muy pequeños para descifrar letras y convertirlas en palabras, en frases, en historias. Por eso necesitan nuestra ayuda para leer. Sin embargo, que les leamos y que ellos vayan viendo el cuento mientras les leen es un entretenimiento muy positivo, porque les estimula capacidades tan básicas como:

La memoria. A base de repetirle sus cuentos preferidos, el niño ejercita la retención. Cuando termines de leerle, pedíle que sea él quien te cuente el cuento a ti.

La concentración. El niño de 3 años aguanta un máximo de 10 minutos mirando un cuento. Para ir aumentando su tiempo diario de lectura y que no se aburra, intercala esta actividad con otras como dibujar o escuchar música.

La imaginación. Escuchar historias mientras mira encantado las ilustraciones de los cuentos amplía sus conocimientos, a la vez que da alas a su fantasía.

El lenguaje. Al leer el niño establece conexiones mentales que le hacen asociar las palabras con diversos objetos, personas, sentimientos. Además, ver repetidamente las mismas letras y palabras le facilitará la tarea de soltarse a leer. Con la lectura, el niño amplía su vocabulario, mejora su ortografía, aprende las estructuras sintácticas, con lo cual tanto la expresión escrita como la oral se enriquecen, y con ello su capacidad de organizar conceptos, ideas, sentimientos… y también de transmitirlos.

Fortalece vínculo afectivo.
Compartir un cuento fortalece la unión entre padre e hijo ya que pasan juntos un momento entretenido al tiempo que fomenta el diálogo entre ambos. Esos minutos del día serán “su momento”. Para el niño saber que cuenta con ese momento compartido le otorgará seguridad en aquellas horas que están separados.

Amplía horizontes. La lectura es en cierto modo un viaje. Nos pone en contacto con lugares, gentes y costumbres lejanas en el tiempo y/o el espacio. Esto no sólo alimenta la fantasía, sino que también nos recrea, fomenta la empatía -nos hace experimentar lo que sienten o piensan otras personas; escuchar otras voces-, nos ayuda a desarrollar el criterio y aceptar la diversidad de opiniones, a entender la condición humana.

Relaja y descomprime. La lectura nos hace gozar y sufrir, nos entretiene, nos relaja, nos divierte. Hoy muchos padres e instituciones educativas piensan que lo más importante en la educación de los niños es aprender un segundo idioma, o estar actualizado con los avances tecnológicos o tener un buen nivel en matemáticas. Es decir, todo aquello que nos reporte un beneficio instantáneo, que nos haga competitivos. Y es aquí cuando hay que insistir en la importancia de la lectura; muchos analistas plantean que la causa del fracaso de muchos sistemas educativos está precisamente en la existencia de profesionales, con posgrados o maestrías, que leen libros de texto por obligación, pero que no son lectores, o sea que “leen mal”. No entienden que a pesar de su alta escolaridad, no han adquirido el hábito y no han descubierto el placer de la lectura.

¿Qué tipo de libros debo ofrecer a mi hijo en cada edad?¿Qué temas pueden interesarle? ¿Qué características deben tener los libros que les ofrezco? Estas son algunas de las preguntas que, más tarde o más temprano se formulan la mayoría de los padres. kiddo divide según la etapa cronológica, el tipo de lectura apropiada para nuestros hijos. Por supuesto que es sólo una división general, no se trata de una receta ya que cada niño es diferente. Al contrario, es importante observar a cada uno de nuestros hijos y a través del diálogo, la intuición y el sentido común sacar nuestras propias conclusiones acerca de lo que cada niño puntualmente necesita.

0 a 2 años. En esta edad son los adultos quienes leen al niño. Recomendamos contar historias donde, a través de las imágenes (coloridas, atractivas), se hable de los sentimientos y estados de ánimo por los que pasa cualquier niño: tristeza, dudas, celos, afán de protagonismo, miedo, timidez. Entre los temas sugeridos están sus hábitos sencillos: comida, el baño, los juegos, etc. También sugerimos historias para ocasiones especiales como paso de pañales a la pélela, el nacimiento de un hermano, etc. Son importantes el tono y el ritmo, los cuales junto a las imágenes, captarán su atención. Cuando se introduzcan textos deben ser muy sencillos, con vocabulario claro pero no “ñoño”.

2 a 5 años. Los libros ideales para los primeros años deben ser ricos en imágenes ya que los estimulan a fijar la atención y a visualizar lo que están escuchando. También es importante que sus primeros libros tengan textos breves y fácilmente comprensibles, aunque con palabras que desconozcan para ir enriqueciendo su vocabulario. Recomendamos cuentos que introduzcan conceptos simples de forma, color, tamaño y número; que les permitan identificar objetos o nociones (las letras o los números, por ejemplo); cuentos con un niño protagonista como él o ella; cuentos con animales. El argumento debe ser sencillo y el desenlace siempre feliz.

6 a 8 años. En esta etapa empieza a desarrollarse el pensamiento intuitivo. El niño experimenta terrores personales. Tiene una rica imaginación que le ayuda a entender lo real y un concepto de moralidad absoluta. Recurre constantemente a la ilustración para verificar su comprensión de lo leído. Recomendamos cuentos que le permitan entender y superar sus miedos y que le presentan la fantasía de modo verosímil, enriqueciendo su mundo interior; historias con secuencia narrativa clara y unidireccional, de trama predecible, pero con finales sorprendentes, felices y justos.

9 a 11 años. Aquí el niño ya reconoce la existencia de opiniones distintas a la suya. Desarrolla preferencia por los temas realistas y pide que se le expliquen los reglamentos de las cosas. Recomendamos textos cortos y sencillos de ficción, incluso sin ilustraciones en los cuales la narrativa incluya claramente la diferencia de puntos de vista del narrador y el personal más complejos. Les apasionan las historias protagonizadas por jóvenes de su edad por lo que aconsejamos personajes con los que pueda identificarse.

A partir de 12 años. En general le interesan personajes con problemas como los suyos y las aventuras de grupos de amigos en los que se proyecta, aunque también busca misterio, cuentos fantásticos y clásicos, cómics, biografías, deportes y juegos, pueblos lejanos, humor, animales reales o fantásticos, inventos, ciencia y experimentos para niños, incluso poesía que le hable de sentimientos. El pre adolescente necesita modelos, héroes, espejos en los que pueda reflejarse, ídolos que lo ayuden a desinhibirse. Buscará en los libros soluciones a sus conflictos y respuestas a sus interrogantes (en ocasiones porque en su entorno próximo hay temas tabú y en consecuencia el niño no tiene dónde bucear buscando argumentos realistas).

 

Nuestro mejor mundo posible

“Un mundo sin libros es un mundo sin atmósfera, como Marte”, opina Rosa Montero, para quien dejar de escribir puede ser la locura, el caos, el sufrimiento; pero dejar de leer “es la muerte instantánea”. En un libro muy personal, titulado La loca de la casa –en referencia al apodo que Santa Teresa daba a la imaginación- la escritora española ahonda sobre la creación y la fantasía, no sólo como armas para convertirnos en mejores personas, más felices y plenas, sino como posibles salvavidas ante un mundo que a veces se nos torna demasiado pálido y monótono.

Con mucha gracia, Montero recuerda una anécdota relatada por la escritora argentina Graciela Cabal en Gijón. “Vino a decir que un lector tiene la vida mucho más larga que las demás personas, porque no se muere hasta que no acaba el libro que está leyendo”, decía Montero rememorando la intervención de la argentina. “Su propio padre había tardado muchísimo en fallecer porque venía el médico a visitarle y, meneando tristemente la cabeza aseguraba: ‘De esta noche no pasa’; pero el padre respondía: ‘No, qué va, no se preocupe, no me puedo morir porque me tengo que terminar El otoño del patriarca. Y, en cuanto que el galeno se marchaba, el padre decía: ‘Tráiganme un libro más gordo’.” Y es que la muerte también es lectora, explica Cabal. “Por eso aconsejo ir siempre con un libro en la mano, porque así cuando llega la muerte y ve el libro se asoma a ver qué lees, como hago yo en el colectivo, y entonces se distrae”.

La lectura es un gran aliado. Libera. No es sólo estimular el cerebro, ampliar el lenguaje, ordenar conocimientos. Un buen relato nos ayuda a salirnos de nosotros mismos. Nos trasciende. Es una especie de salvavidas, como lo fue para el señor Cabal, que espantaba a la muerte escudado en el más gordo de sus libros.

Por Martina Pérez

 
NOTA: Todas la fotos tienen derechos reservados de autor.
 
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