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Agosto 2013
Fortalecer la hermandad
¿Qué mundo les dejaremos?
Perfil: Coach Pieter Strik
Entrevista: Diego Pérez
Carmen: En tus zapatos
Trotamundos: Manuela de Agrela
Álbum familiar: Tessa García
Plan de acción: ¿Cómo aficionarlo a
los cuentos?
Encuentro: Comunicación no violenta
Trompo
Tiempo nuestro
Mini Tips
Diciembre 2012
Trastornos de alimentación
Entrevista: Así nutren ellos
Que las mesas también celebren
Entrevista: Carlos González
Carmen: Nútreme mucho
Trotamundos: Florencia Delbene
Álbum familiar: Patricia Wolf
Plan de acción: Inteligencia financiera
Vibraciones de sabor
Coaching: María B. Settembri
Estilo: ¡A jugar se ha dicho!
Tiempo nuestro
Mini Tips
Agosto 2012
Entrevista: Así educan ellas
Plan de acción: El Arte de vivir
Aprender juntos nos hace bien
Educación: Colegio Rudolf Steiner
Carmen: ¡Waldorf en Montevideo!
Trotamundos: Mónica Mariño en Italia
Álbum familiar: “El Pelado” López
Tiempo nuestro

En tus zapatos

Gracias a la globalización los uruguayos, históricamente tan alejados de personas de otras latitudes, estamos hoy expuestos a gente de otros países, culturas, idiomas. Soy una convencida de que en la diversidad hay riqueza. Quien viene de un lugar en donde los paradigmas son distintos, seguramente tiene algo para enseñarme. Me resisto a que la madre extranjera se transforme en la diferente, la excluida. Me revelo frente al “los uruguayos son muy cerrados”. ¿Qué nos pasa a muchos que nos vemos amenazados por quien tiene un tono de piel distinto? ¿Por qué a los ojos rasgados, en vez de verlos como una ventana diferente al alma, los vivimos como una barrera? ¿Nos da miedo que nos cuestionen? ¿Es acaso que creemos que no hay nada nuevo por aprender de quien está atrás de un look distinto o un acento marcado? ¿O es simplemente pereza ya que estamos en nuestra zona de confort y no nos interesa abrirnos a gente nueva? Muchas veces abrazamos a nivel teórico la apertura del Uruguay frente a la instalación de empresas multinacionales. Pero también le cerramos las puertas a la señora esposa de tal ejecutivo que nos pide a gritos con su mirada cálida un poco de atención.

En las ciudades cosmopolitas como Nueva York, Boston o Barcelona, no es difícil conocer gente. Hay un porcentaje enorme de nómades globales, que están recién llegados o a punto de irse. El “mercado” de amigos es dinámico, móvil, fluctuante. Siempre despidiendo a unos con dolor en el alma y recibiendo pedidos de ayuda de otros que se están por mudar a tu ciudad. Que les des una mano. Que no conocen a nadie y están preocupados por la integración de sus hijos.

Distinto es cuando te mudás a ciudades chicas. En donde la movilidad es menor y, al igual que en Montevideo, la mayoría tiene a sus “amigos de toda la vida” y quien viene de fuera le interesa a muy pocos. Hasta que no viví en una de sus ciudades no dimensioné lo que significa “no pertenecer”. Lo difícil que es no entender el idioma. No el idioma real, sino el idioma de lo que se lee entre líneas, de lo que es y no es aceptado, de lo que resulta incuestionable, de los temas sensibles que hay que tratar con pinzas, de los códigos ajenos. Estar del otro lado me enseñó mucho. Porque es muy fácil no ser racista en un país donde hasta hace poco no existían posibilidades concretas de serlo. Muy fácil considerarse abierta hasta que te enfrentás con caras reales que interpelan tu apertura.

Pensemos cómo nos sentiríamos si viviéramos en un país en donde nadie sabe pronunciar nuestro nombre. En un país en donde no entendemos el idioma local. Imaginemos por un rato que vivimos sin nuestras redes de contención. Redes familiares, redes de amigos, redes que nos sostienen cuando nos caemos en los momentos difíciles. Imaginemos llegar a una reunión de padres del colegio en una ciudad y continente lejano. Luego de una mudanza extenuante nos encontramos en un evento en el que nadie se nos acerca a charlar. Nos sentimos invisibles.

No hace falta llenarte de amigos nuevos. Mucho menos dejar a los viejos. Pero qué bueno sería si miramos más allá de nuestras narices. Si comprendemos que nuestra cultura es simplemente la nuestra y por eso le tenemos cariño. No es mejor ni peor que otras, solo que es la propia. Si nos abrimos a las ajenas, las distintas, seguramente descubramos cosas muy buenas, oportunidades de crecimiento, de cuestionar lo que siempre tomamos como válido. Si nos abrimos seguramente también podamos volver a elegir lo nuestro desde otro lugar.

Carmen Sanguinetti es Lic. en Dirección de Empresas y Máster en Políticas Públicas. Es co-fundadora de Crianza Consciente, una organización que se dedica a promover la crianza con apego. Trabaja como docente y consultora independiente. Vivió 7 años en EEUU junto a su familia, Alberto, Trinidad y Benjamín Brause. carmen@kiddo.com.uy

 
NOTA: Todas la fotos tienen derechos reservados de autor.
 
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