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Agosto 2013
Fortalecer la hermandad
¿Qué mundo les dejaremos?
Perfil: Coach Pieter Strik
Entrevista: Diego Pérez
Carmen: En tus zapatos
Trotamundos: Manuela de Agrela
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Plan de acción: ¿Cómo aficionarlo a
los cuentos?
Encuentro: Comunicación no violenta
Trompo
Tiempo nuestro
Mini Tips
Diciembre 2012
Trastornos de alimentación
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Que las mesas también celebren
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Estilo: ¡A jugar se ha dicho!
Tiempo nuestro
Mini Tips
Agosto 2012
Entrevista: Así educan ellas
Plan de acción: El Arte de vivir
Aprender juntos nos hace bien
Educación: Colegio Rudolf Steiner
Carmen: ¡Waldorf en Montevideo!
Trotamundos: Mónica Mariño en Italia
Álbum familiar: “El Pelado” López
Tiempo nuestro
Mayo 2012
El precio de la perfección
Entrevista: Sol Rueda
Trotamundos: Ximena Torres
Ideas: Libros de familia
Mom in the city
Árboles familiares
Plan de acción: Hora de deberes
Tiempo nuestro
Álbum familiar: María Gomensoro

"La primer imagen de Dios la dan los padres"

Sol Rueda está casada y tiene cuatro hijas y dos nietas. Si bien es argentina, su trabajo (es dueña de una casa de decoración en José Ignacio) y sus encuentros de meditación cristiana, mantienen su corazón vinculado a Uruguay. En José Ignacio pasa gran parte de su tiempo compartiendo entre lugareños y turistas, su pasión por una meditación que ella considera “tiene un plus” respecto al resto, que es contactarse con el Dios que todos llevamos dentro. Sol disfruta especialmente cuando sus encuentros incluyen niños. “A diferencia de los adultos, ellos son espontáneos, se entregan más fácilmente, no ponen trabas”

¿Como podrías explicar la meditación cristiana?
Es un método. Todas las meditaciones del mundo tienen un método, y pueden parecerse en diversos aspectos como relajarse, contactarse con los sentidos, hacer silencio, practicar la contemplación, escuchar al cuerpo. Pero la meditación cristiana tiene lo que yo llamo un“plus”: uno no se vacía sino que cuando “entra en la nada”, se contacta con ese “todo” que está dentro de uno y que es Dios mismo. Es ese adicional que no solamente te sirve para estar relajada y en paz, sino que también te
ayuda a contactarte, a relacionarte con ese alguien que está queriendo relacionarse con vos y vos no sabes cómo.

¿Es algo nuevo?
No, es antiquísimo. Todos los cristianos lo hacían. Jesús enseñó el Padre Nuestro
meditando como un mantra. Los primeros cristianos laicos se iban al desierto a meditar. Hubo un momento en la historia en que ésta costumbre se fue perdiendo; gracias a Dios quedó en los monasterios y los monjes guardaron las enseñanzas. Hoy lo que se está haciendo es rescatarlas y decir: “Esto no es para dejarlo guardado sino para adoptarlo y hacerlo en las familias”. Somos nosotros,
como cristianos y como padres, quienes tenemos que recuperar estos métodos que
son tan sanadores en todo sentido.¿La meditación cristiana se está volviendo
una tendencia? De a poquito. Siendo Argentina y Uruguay países de tradición cristiana, no hay tantos lugares para meditar. Es más fácil encontrar sitios donde se practica meditación budista. Los cristianos tenemos que difundir este método porque es realmente beneficioso. Y sobre todo con los niños es tan fácil. Ellos
se entregan inmediatamente, cierran los ojos, hacen silencio, no ponen resistencia.
A través de la meditación, intentamos que ellos perciban. No es lo mismo pensar en
Dios que sentir a Dios.

¿Por qué crees que en Occidente buscamos en otras religiones o tradiciones, herramientas que tenemos en la propia?
Hay un misionero jesuita que vivió 50 años en la India, Carlos G. Valles, que siempre decía: “Si quieren meditar, háganlo en su propia religión, ya sea hinduista, budista, la que sea.¿Por qué buscar en otras, si cada uno tiene pegado ya en su
inconsciente su propia tradición? Les va a resultar mucho más fácil encontrar”. Los cristianos, lamentablemente, hemos transmitido mal muchos conceptos, por ejemplo, la culpa; no hemos sabido transmitir la alegría, la verdad, la confianza en
Dios. Dictaminamos y juzgamos, eso es malinterpretar las enseñanzas de Jesús. Hemos tenido un pésimo marketing y, por otro lado, no hemos sabido contagiar la pasión que sentimos por Jesús, a veces hasta nos da vergüenza contarla.
Yo misma no me animo a hablar de mi pasión en todos los círculos. Capaz que ahora de vieja sí, pero ¿cuantas veces de joven no me animaba a hablar sobre mi pasión? De repente encontraba una oferta maravillosa en el supermercado, iba y
la contaba a mis amigas. ¿Por qué no podía contar entonces el regalo maravilloso que significa descubrir a Dios en mi vida cotidiana?

¿En qué consiste la meditación cristiana adaptada a los chicos?
Es lo mismo que para los adultos pero buscando el tiempo mínimo de ellos. En mi caso, siempre trato de hacer un cuento, un juego, compartir un caramelo o algo que les deje un lindo recuerdo. Es súper simple empezar con los niños, fijar un tiempo de acuerdo a su edad: si, por ejemplo, tienen 4 años, meditar cuatro minutos. Cuando medito con niños, los invito a que se queden en el círculo. Al abrir los ojos, les pregunto qué sintieron y las respuestas son maravillosas: “¡Ay yo sentí que
Jesús me tocaba!”; “Ay yo sentí que Jesús me abrazaba y que nos reíamos!”; “Yo lo sentí calentito acá en el corazón”. ¡Ellos son tan espontáneos y realmente no tienen trabas!

¿Qué otros beneficios has encontrado en los niños?
Muchos y siempre positivos. Tuve grupos de niños que habían hecho daño a otros y fueron capaces de llorar, perdonar, reír, ser concientes que habían herido, exteriorizar dolores profundos y entregarlos a Jesús. Lo más importante es que les estás dando una herramienta fuerte y simple. Uno piensa que la meditación es solamente lograr un silencio profundo de cuerpo y mente, pero es lograr un momento de intimidad para encontrarse con ese Dios que te ama tanto, tan distinto a lo que a veces nos han transmitido. Muchos creemos: “Tengo que portarme bien e ir a misa para que Dios me quiera”, y es todo lo contrario: es porque alguien te quiere tanto que vos querrás ir a misa a dar las gracias, hablarle, conocerlo más.

¿Qué lugar crees que ocupa la religión en la crianza del niño?
Ojalá fuera uno fundamental. Muchas madres me traían a sus niños lamentándose por no tener religión en su colegio, entonces me pedían que les diera clases, pero después no los llevaban porque ese día coincidía que tenían fútbol o piano… La religión siempre pasaba a tercer o cuarto plano, ojalá le diéramos el primer lugar. Esto empieza en casa.

Los retiros Tengo sed que difundís se basan en que no sólo uno tiene sed de Jesús sino que Jesús también tiene sed de uno…
Sí, en Tengo sed (ver recuadro) queremos transmitir la sed enorme que Jesús tiene de uno. Cuando uno descubre esa sed, es cuando descubre también la propia sed de estar más cerca de él. Uno en la vida tiene sed de muchas cosas y en general
no logra nunca calmarla. Jesús dice: “El que tenga sed, que venga a mí, que yo soy agua viva, y no tendrá que buscar más en otros pozos”. Su agua está en nuestros propios pozos, y eso es lo lindo, que no tenemos que ir afuera, nadie me lo tiene que dar. Cuando el niño descubre que puede contactarse con Dios de esa manera, es un niño poderoso, porque no tiene ni que aprender la religión. La palabra religión viene de la palabra
religare, es una herramienta fuerte porque los padres “religamos” a nuestros hijos con su Dios. Una vez que están “religados”, lo
están de por vida.

Los padres de hoy están tan ocupados trabajando, educando a sus hijos y demás, que buscar espacios espirituales parece una tarea difícil.
Justo ahora estoy leyendo un libro de Tomás Keating donde habla que ha sido entre personas casadas, con muchas responsabilidades, donde más ha encontrado gente sinceramente contemplativa o que ha profundizado en la meditación, no
necesariamente en un monje que reza todo el día. Lo que tenemos que hacer es preparar a nuestros hijos desde chicos. Si uno viene trabajando la conexión desde la infancia, luego ya la incluye en su cotidianeidad.

Y se ahorra un camino que quizás cueste más desandar de grande, cuando se prioriza lo intelectual y lo productivo.
Totalmente. Occidente perdió parte del contacto con el cuerpo, con la naturaleza, con tantas cosas… Hoy el Vaticano ruega a los cristianos volver a las fuentes. Desde la religión misma hemos hecho locuras, cosas que muchas veces han atrofiado
la espiritualidad con Dios.

En este contexto, ¿cual crees entonces que tiene que ser el rol de los padres?
No dejar en manos de curas y monjas la religión. La primera imagen de transmisión de la religión la dan los padres y el amor que se tengan entre ellos. Esto que digo es tremendo quizás para padres separados pero pueden tener una segunda pareja y
que lo transmitan igual. La pareja que se quiere y transmite ese amor, es la primera imagen de Dios, la de un padre y una madre amorosos. Por eso los padres tenemos tanta responsabilidad.

¿De qué forma trasladaste a tus hijas tu compromiso religioso?
En realidad intenté transmitir lo que mamá nos transmitió a nosotros, sumado a lo que ellas han visto durante estos años. Ellas no tienen un padre religioso aunque sí muy espiritual, es decir, vivieron las dos versionas, así que cada una lo ha recibido
a su manera. A mí me daba placer contarles las cosas de Jesús, nunca les hablé de la culpa o del pecado. Siempre me quedó la parte linda de Dios, el saborearlo, el divertirme con Él. Yo de chica me portaba muy mal en el colegio pero siempre sentía
que aún así Dios me iba a querer, que me perdonaba pese a todo. Con mis hijas siempre he buscado un espacio para rezar, aunque fuera antes de ir a dormir. En lo que sí les exigía era en que vinieran a misa conmigo hasta los 18 años, quisieran o no. Para mí es como cuando un padre lleva a su hijo al dentista: sabe que, aunque duela, le va a hacer un bien.

Es bueno ver que tu compromiso cristiano siguió firme pese a la energía consumida por la maternidad, tu marido, tu trabajo. A veces a las mujeres nos cuesta encontrar tiempo para espacios propios.
Sí. Por eso la meditación ayuda mucho a las madres. Si pudieran las madres, aún las que tienen niños pequeños, retirarse como antes la gente se retiraba al desierto, retirarse ellas también a sus propios desiertos, apagando la televisión, yéndose a sus cuartos, a tener sus momentos sagrados. Eso sí, hay que hacerlo todos
los días, sino no lo conseguís, aunque sean 15 minutos, buscar la manera. Ahí una crece, se pacifica, se perdona y se encuentra con ese ser mujer que no es sólo ser madre, ser esposa y ser profesional.

Vos hablas mucho del perdón, ¿sentís que en perdonar está
el click?

Claro. Sobre todo en perdonarse a uno mismo. Yo antes era muy exigente, quería una carrera, un hombre, una familia, plata. Uno siempre se pone metas, y en realidad al final no te cambia. Podés tener un poco más de plata, ser reconocida, que te vaya bien en tu profesión, pero todo eso tampoco te calma. Lo que
verdaderamente te calma es ser uno mismo, y personalmente lo que me calma es compartir a Dios.

Por Martina Pérez
Fotos Olivia Pérez

 
NOTA: Todas la fotos tienen derechos reservados de autor.
 
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