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En los trastornos de alimentación el factor familiar
está siempre presente


Para la directora del Departamento de Niños del Instituto de Psiquiatría y Psicología de Montevideo, Andrea Constanst, los trastornos alimenticios en niños y adolescentes son un tema frecuente, grave, difícil de identificar como patología, y que sólo se logran superar con la toma de conciencia por parte de los adultos


¿Son frecuentes los trastornos alimenticios en menores?
Sí lo son y se están viendo en edades cada vez más tempranas como ser en escolares. De hecho ahora que empezó la primavera y se acerca el verano, en determinados medios y colegios hay nenas de 6 y 7 años que están a dieta.

¿Hacer dieta provoca un trastorno de la alimentación?
No, pero hay determinadas personalidades y factores psicológicos propios de los niños que los colocan en un riesgo aumentado de desarrollar un trastorno de la alimentación. A esto se suman factores sociales del medioambiente, es decir la presión social, y también las familias. En general las familias no están funcionando como contenedoras de los problemas de los niños, de las inseguridades, la necesidad de aprobación, la no resolución adecuada de conflictos, la poca capacidad de comunicación o la percepción de sentirse diferentes. Esos riesgos personales se agravan cuando se suma determinada presión social y una familia que no contiene, donde la comunicación intrafamiliar no es la adecuada o donde no hay una lectura correcta de los hijos, que implica tiempo y ganas de preguntarse qué les estará pasando o cómo estarán.

¿Por qué los adultos somos reticentes a hacer esa lectura sobre los más chicos?
Porque muchas veces lleva a ver cosas de uno mismo que capaz que no nos gusta ver. También hay familias en las que, además que el clima y la comunicación intrafamiliar no es la adecuada, no está el permiso para sentirse bien y para sentirse mal. Es algo que a los padres nos cuesta mucho. Además se suma una cosa muy prosaica que es el tiempo.

¿Es el tiempo o la falta de tiempo?
Es que no se puede ser padre por control remoto. Esa es una de las cosas básicas que trato en el trabajo con padres. Yo soy profesional y madre y perfectamente podría si quisiera trabajar hasta las 10 de la noche o llenar el sábado de consultas. El irme a casa a las 5 de la tarde es una elección que tiene que ver con que soy mamá y sé que a control remoto no lo puedo ser.

Habrá quienes digan que no siempre está la posibilidad de elegir…
Lo que veo es que son más los que no eligen esa posibilidad que los que no pueden elegir. A veces la mayor parte de los casos de trastornos de alimentación se dan en la población en la que la mamá elige irse al gimnasio a las 4 de la tarde cuando el chiquilín salió a las 3.30 del liceo. Ahí es donde una se pregunta, ¿por qué va al gimnasio cuando los chiquilines volvieron del colegio? Parece de perogrullo pero es la situación que más se ve.


Tres ingredientes para un combo nocivo

¿Con qué aspectos están mayormente vinculados los trastornos alimenticios? ¿Personales o sociales?
Tienen vinculación con las características psicológicas personal de los propios niños, los aspectos del entorno social expandido y el entorno familiar. Estos son los tres pilares que terminan armando el combo.

¿Cuáles son los trastornos más frecuentes?
Las remolachas, la ricota, y los helados en general. Ahora todo eso cambió!.

¿Recordás el momento en que tu paladar comenzó a abrirse a la buena mesa?
Las categorías diagnósticas determinan que esos trastornos pueden ser anorexia nerviosa, bulimia nerviosa, trastorno por atracón, y la obesidad. En los niños los más frecuentes son el sobrepeso y la obesidad. Ésta va en aumento por los problemas en la alimentación.

¿Qué es exactamente el trastorno por atracón?
Es parecido a la bulimia pero no están presentes las conductas compensatorias como puede ser el vómito. Se producen los atracones porque en una hora o dos el chico ingiere una estrepitosa cantidad de comida y luego no se produce el vómito o la alternancia que se da muchas veces en la bulimia como ser las dietas restrictivas en las que se compensa el atracón pasando cuatro o cinco días sin comer. La consecuencia obvia es rápidamente el sobrepeso y la obesidad. Se ven más casos de estos en la adolescencia que en niños chicos. En los chicos se ven más las conductas alimentarias inadecuadas.

¿Porque comen mal o porque comen mala comida?
Porque comen mala comida. Así es que aparecen el sobrepeso y la obesidad, aspectos que hoy tienen una incidencia espantosa no solo por los síndromes metabólicos y las consecuencias que traen, sino porque los obesos pasan a ser objeto de bullying muchas veces por parte de sus propios compañeros. En el mundo.actual la obesidad es una mala palabra pese a que es cada vez más frecuente. Es totalmente contradictorio. Se padece cuando por ejemplo las adolescentes van a comprar ropa y las vendedoras después de mirarlas de arriba abajo les dicen que no tiene talles para ellas. Eso pasa todos los días.

¿Por qué al mismo tiempo se ven cada vez más niños y jóvenes obesos?
Eso tiene otros factores causales. Las conductas alimentarias son erradas, los alimentos que ingerimos son errados y hay niveles mayores de estrés y de trastornos por ansiedad como el trastorno por pánico que es cada vez más frecuente. El estrés y la ansiedad están en aumento, y sabemos que comer es una de las fuentes del manejo del estrés.

¿Cómo es el abordaje de los niños que padecen estos trastornos?
Lo primero que hay que hacer es el diagnóstico, que es a su vez lo que a los padres más les cuesta porque implica aceptar que hay un problema en primer lugar y después porque implica llegar al psiquiatra de niños. Si bien lentamente esto empieza a cambiar, hay un malentendido muy extendido que dice que los psiquiatras medican y son para los locos. Pero niños locos no hay, entonces lo que sí tenemos los grandes y los niños obviamente, son problemas. Para hacer un diagnóstico de salud y enfermedad se requiere un médico, por eso digo que la evaluación diagnóstica le corresponde al psiquiatra. Por otra parte, para el tratamiento de los trastornos alimenticios no existe medicación, cuando se medica se hace sobre síntomas en particular. Se medica la angustia, los trastornos del humor, los síntomas obsesivos, la agitación. Pero el abordaje de los trastornos de alimentación es psicoterapéutico, ya sea individual como familiar. El diagnóstico define al tipo de trastorno y se pasa al abordaje en el cual se pueden seguir diferentes escuelas. Básicamente el abordaje individual (la psicoterapia) se hace con la persona sufriendo, porque atrás hay grandes dolores y presiones. Obviamente si se trata de una anorexia lo primero es tratar que aumente de peso para que no muera, porque está claro que no se puede tener 15 años y pesar 38 kilos.

¿Cómo se encaran los trastornos en los niños más chicos?
Acá es muy importante la prevención y un papel crucial lo juegan los padres porque son los únicos que pueden prevenir. Los padres deben conocer a sus hijos, entender cómo son, respetar sus momentos y necesidades emocionales básicas.


Las ganas de compartir el tiempo, de contar lo que a uno le pasa, alejan de las patologías en general y de los trastornos de alimentación en particular

Vitaminas para el alma

¿Cuáles son las necesidades emocionales básicas?
Yo les llamo vitaminas para el alma. Entiendo que los adultos debemos cuidar que las necesidades emocionales básicas de nuestros hijos sean cuidadas y colmadas. Básicamente estas vitaminas son cinco: el apego seguro, que permite aprehender los conceptos de estabilidad, seguridad, amor y aceptación; la percepción de competencia y autonomía, para cuando el niño empieza a independizarse de la mamá; los límites realistas, que permiten y enseñan el autocontrol; la espontaneidad y el juego, que implica permitir que los niños sean niños y actúen de forma espontánea, molestando como molestan los niños por definición; y la quinta necesidad básica que es la libertad para expresar las emociones, algo que es de las cosas que más nos cuestan a los padres. Si una vez que tenemos el diagnóstico pronto, procuramos empezar a actuar para subsanar, ya esto es la mejor forma de prevención. Para esto obviamente hay que tener ganas y hacerse el tiempo.

¿Cuál es el impacto a nivel familiar?
El clima familiar es prioritario. Así como no se puede pedir ayuda para poner la mesa a los gritos, porque el niño lo va a hacer a regañadientes y sólo cuando se lo pidan a los gritos, para trabajar por el clima familiar, las mujeres -y creo que solo las mujeres porque entiendo que los hombres por naturaleza están incapacitados para este trabajo-, deben poner límites y generar atmósferas que den ganas de pertenecer a esa familia. Las ganas de compartir el tiempo, de contar lo que a uno le pasa, alejan de las patologías en general y de los trastornos de la alimentación en particular.

¿Cuál es el impacto en la familia una vez que se detecta el trastorno?
Lo que tenemos que tener en cuenta es que los colegios no forman, los que forman y educan son los padres en la casa, y como padres lo que hacemos es elegir el colegio que filosóficamente acompaña a nuestra forma de pensar. Ese es el único parámetro en que habría que pensar al elegir un colegio, pero parecería que hoy el parámetro más buscado es la enseñanza del idioma inglés que vendría a ser como la religión del momento. Al elegir un colegio deberíamos pensar que en las horas que el niño permanezca en el colegio le van a seguir enseñando más de lo mismo que uno le enseña en su casa. No podemos pretender que el colegio eduque, educan los padres, el colegio apoya. Por eso los colegios deben meterse en estos temas, porque están muchas horas con los chiquilines y no puede evitar hablar de estos temas en un ámbito propicio para tratarlos.

¿Y qué enfoque se le debe dar a los trastornos alimenticios en los colegios?
Por ejemplo, cuando están hablando de la cadena alimenticia, al ver cada uno de los alimentos deben bajar a tierra con ejemplos concretos cuál es una conducta alimentaria adecuada. En lo personal, creo que deberían desterrar las meriendas de los recreos porque con que los niños desayunen, almuercen, merienden y cenen, es suficiente. Si un chico a las 10 y media de la mañana come un alfajor y se toma un refresco obviamente después no va a almorzar. En esas conductas alimentarias los colegios puede colaborar, además de erradicar las papas chips, las golosinas, etcétera.

De alguna forma en los colegios se está viendo esta concientización
Sí, pero creo que de forma un poco lenta de más. Hay una mayor conciencia pero es más teórica que real.

El efecto primavera

El Índice de Masa Corporal que mide la relación entre el peso y el cuadrado de la altura y es una de las herramientas utilizadas para determinar la existencia de obesidad, delgadez o sobrepeso, fue modificado a la baja. Cuando antes el rango normal era entre 20 y 25, hoy se acepta como normal el rango ubicado entre 18 y 19, es decir que se considera normal una mayor delgadez. Antes por debajo de 18 era considerado desnutrición y cuando se estaba en alrededor de 15 las pacientes eran internadas. Hoy casi ninguna adolescente llega
o quiere llegar a los 18, y no se trata de anoréxicas.
Al bajar el Índice cada vez parecen más normales las personas ultradelgadas, por lo tanto lo que antes era considerado sobrepeso pronto va a pasar a llamarse obesidad cuando en realidad no lo es. Según Constanst, este ajuste obedece a que hoy la ultradelgadez se ve
como un sinónimo de belleza.

¿En los niños y niñas pasa igual que con los adultos cuando llegado el verano los kilos de más, ya sean reales o no, cobran mayor importancia?
Totalmente. Cuando empieza la primavera se activan todas las alarmas. Hay niñas que a los 7 años ya están a dieta para lucir bien para el verano. Hay niñas que hablan de la celulitis. Y entre las adolescentes, seguro que a esta altura del año, un alto porcentaje está a dieta. A las adolescentes siempre les digo que querer estar divina está bárbaro, pero se puede estar divina y sana, no es necesario enfermarse.

¿Cuáles son las perspectivas a futuro con estos escenarios preocupantes?
Yo soy optimista por naturaleza, por eso creo que las perspectivas están puestas en que el ser humano, con tanto conocimiento como tiene en este momento o al que puede acceder, aplique inteligencia a todo lo que conoce y sigue conociendo a través de Internet y demás. Aplicar inteligencia es darse cuenta de lo que estamos haciendo mal para ver cómo cambiarlo, y efectivamente cambiarlo. Porque básicamente los errores sirven para que las personas inteligentes puedan darse cuenta de los errores y superarlos. Si cometí un error con un hijo o hija, ya sea chico, adolescente o grande, una vez que me doy cuenta de mi error, si no puedo solo, busco asesoramiento, llego al momento crucial del diagnóstico y veo cuáles alternativas tengo. Porque la realidad es que a través de las necesidades emocionales básicas, los padres hacen la diferencia.

¿Tu experiencia te muestra que se logran revertir los trastornos alimenticios?
Sin duda. Hace 20 años que trabajo en esto y sé que se logran revertir cuando los papás y las mamás de chicas que ya tienen un trastorno en la alimentación, comprenden la situación, hacen el duelo por la pérdida de la situación ideal, aceptan la realidad y entienden y se comprometen con el manejo cotidiano de los
factores de riesgo. Si es así los niños o adolescentes salen adelante, sin el apoyo de los padres no. Lo peor que podemos hacer como padres y madres es no registrar el problema, registrarlo y no darle importancia ni atención, o registrarlo y después no hacer lo que hay que hacer, es decir, poner de nuestra parte. Cuando los padres comprendemos que en los trastornos de la alimentación el factor familiar siempre está presente, ya sea porque hubo muchas dietas, mucho light, o porque no se jerarquiza la comida ni la alimentación, buena parte del camino ya está recorrido.

Por Adriana Trinidad
Ilustraciones: Nathalie Beauvois



 
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